¿Quién no se ha comido alguno alguna vez? El sándwich es uno de esos alimentos que forman parte de nuestra vida cotidiana. Para un desayuno rápido, una comida improvisada, una merienda o una cena, pocas opciones resultan tan sencillas, prácticas y versátiles como dos rebanadas de pan con un relleno en su interior.
Cada 3 de noviembre se celebra el Día Mundial del Sándwich, una jornada dedicada a uno de los bocados más conocidos internacionalmente y que admite prácticamente tantas versiones como gustos existen.
Desde el clásico sándwich mixto de jamón y queso hasta las combinaciones con atún, tortilla, vegetales, pollo o diferentes salsas, este alimento ha sabido adaptarse a los hábitos gastronómicos de distintas generaciones y culturas.
Un invento con historia
El nombre de sándwich procede de John Montagu, IV conde de Sandwich, un aristócrata inglés del siglo XVIII. Según la historia más conocida, tenía la costumbre de comer carne entre dos rebanadas de pan para poder alimentarse sin dejar sus partidas de cartas. Aquella forma de comer terminó popularizándose y adoptó el nombre del título nobiliario.
Con el paso del tiempo, el sándwich traspasó fronteras y se convirtió en una alternativa habitual en hogares, bares, cafeterías y restaurantes de todo el mundo.
De los clásicos a las combinaciones más originales
Su éxito está en la sencillez y en la libertad que ofrece. Puede prepararse frío o caliente, con pan de molde, integral, tostado o de otros tipos, y con ingredientes tan variados como el queso, el jamón, el tomate, la lechuga, el huevo o diferentes carnes y pescados.
Y es que, en muchas ocasiones, no hace falta complicarse demasiado para disfrutar de algo rico. Un sándwich puede sacarnos de un apuro, acompañarnos en una excursión o convertirse en una cena improvisada.
Este 3 de noviembre, el calendario gastronómico nos invita a celebrar un alimento sencillo, cotidiano y universal. Porque, al fin y al cabo, ¿quién no se ha comido alguno alguna vez?






